Históricamente, Sijilmasa —hoy apenas unas ruinas junto a la ciudad de Rissani— fue una de las capitales comerciales más célebres del sureste de Marruecos. Su actividad se basaba en la venta de alimentos, pero también en la exportación de mano de obra traída de distintos países del África subsahariana. De ahí viene el término Gnaoua, que significa “esclavo” en el dialecto bambara.

Cuando se abolió la esclavitud, parte de los esclavos liberados optó por quedarse en Marruecos e integrarse en la sociedad local. Los Gnaoua se han dispersado progresivamente por todo el país, aunque se agrupan sobre todo en dos núcleos: al noroeste y al sureste de Marruecos.

El pueblo Gnaoua da una enorme importancia al mantenimiento de sus tradiciones y costumbres originales, enriquecidas por la influencia marroquí a lo largo del tiempo. De su bagaje cultural destaca sobre todo el aspecto musical, que despierta un interés creciente entre estudiosos y músicos de todos los continentes.

La tribu Gnaoua y su música tienen su origen en una zona que ellos llamaban Sudán —una gran parte del Sáhara sur y el África central y occidental, no el Sudán actual—. Fueron traídos a Marruecos en la época de la esclavitud, comprados y vendidos por árabes, bereberes y europeos, y trajeron consigo su cultura, sus costumbres y sus tradiciones. Ese patrimonio se extendió con el tiempo y dejó su huella en la cultura marroquí, especialmente visible en Essaouira, donde los Gnaoua se integraron plenamente en la sociedad.

La música es el recurso más valioso del pueblo Gnaoua: es la forma en la que se comunican con el mundo. Su sentido espiritual se hizo aún más importante durante la época de la migración forzosa: cruzaban el desierto a pie, encadenados de pies y manos, y en esas circunstancias cantaban para aliviar su sufrimiento y buscar la calma. El sonido de las cadenas imitaba el de los instrumentos, y lo que era su condena se convertía, al mismo tiempo, en su desahogo.

Con los años, la tradición musical se ha conservado y heredado de generación en generación, junto con las costumbres sociales y las tradiciones propias del pueblo Gnaoua. Las canciones hablan de religión —con alusiones al Profeta y a Alá—, de libertad, de los antepasados y del hogar ancestral en Sudán. La música tiene un vínculo muy fuerte con la religión y la espiritualidad: se toca en ceremonias religiosas y festividades culturales, igual que hace siglos. Los instrumentos principales son el ganga (tambor grande), el tangagat (tambor pequeño), los iqrkashen (crótalos metálicos) y el hajhouj o guembri (instrumento de tres cuerdas de tono grave).

El ancestro espiritual de los Gnaoua

Todos los Gnaoua reconocen como ancestro a Sidna Bilal, un personaje histórico también conocido como Ibn Hamama. Compañero del Profeta, originario de Etiopía, nació esclavo en La Meca y fue uno de los primeros en convertirse al Islam.

Cuenta la tradición que un día la hija del Profeta, Lala Fátima Azora, estaba enfadada con su marido, Sidna Ali, y se encerró en su habitación negándose a verlo. Sidna Bilal, testigo del malentendido, decidió junto a su amigo Same reconciliarlos: se fabricaron unas castañuelas de madera y un tambor, y se pusieron a tocar y a bailar de forma acrobática. Lala Fátima Azora, encantada, salió de su habitación y los siguió. Gracias a esta estratagema, Sidna Bilal la condujo de vuelta hasta la habitación de Sidna Ali. Aquella música y aquel baile, dicen los Gnaoua, fueron los primeros de su tradición.

Palabras Gnaoua para entender su cultura

Algunos términos que aparecen una y otra vez en los rituales y en las conversaciones sobre la cultura Gnaoua:

Baraka: fuerza milagrosa, gracia espiritual. · Maalem: maestro músico. · Jedba: rito de posesión practicado por los Gnaoua. · Lila: noche de Jedba, rito de posesión que se celebra tras la puesta de sol. · Guembri o Hajhouj: laúd-tambor de tres cuerdas, hecho con piel de cabra. · Iqrkashen: castañuelas de metal. · Zaouia: centro espiritual y religioso. · Silsila: cadena de transmisión iniciática, de maestro a discípulo.